21 de enero de 2006

Monstruos fin de siglo, por Ángeles Caso

Ordenando viejos papeles he recuperado un artículo que Ángeles Caso publicó en El Semanal el 21 de septiembre de 1997, tras la muerte de Diana de Gales, y que se tituló Monstruos fin de siglo.
Suscribo el comentario desde la primera H hasta el último punto. Suscribiría hasta las faltas de ortografía, si las tuviese. Si viviésemos en un país mínimamente sensato, todos los que tenemos algo que ver con la comunicación leeríamos este texto antes de ir a trabajar, y en las Facultades de Periodismo las dichosas uvedobles no serían estudiadas antes de que los alumnos supiesen de memoria este artículo. Pese a la extensión, no me resisto a reproducirlo entero. Ángeles Caso escribió:

"Había jurado que no diría nada, que no contribuiría a la ceremonia mediática. Pero la realidad se impone a veces sobre las mejores intenciones. Ustedes me perdonarán si soy perjura, no he podido evitarlo. Durante los días de luto universal se me fueron pegando al cerebro ciertas terribles ideas de las que, me temo, ya no voy a librarme.
A estas alturas, las flores que alfombraron por millones Inglaterra estarán pudriéndose en cualquier vertedero, y sobre la tumba de una mujer que por desdicha murió joven caerá tal vez en este momento la lluvia fina y persistente del otoño inglés. Las plañideras habrán secado sus lágrimas y esperarán con fruición el próximo cadáver. Pero el mundo ya no volverá a ser lo que era. He aquí algunas de las pruebas que he encontrado de su transformación:
-Siempre había sabido que los ricos también lloran. Ahora he aprendido que los pobres lloran mucho más. Incluso lloran por los ricos que también lloran, lo cual ya es llorar. Tanta inteligencia al servicio de la lucha de clases, tanta revolución, tanta sangre vertida y, al final, se ha confirmado lo que muchos suponían: lo que la gente quiere es el pisito hipotecado y una gran tele pagada a plazos en el salón para llorar viendo cómo llora la gente rica.
-Si alguna vez existió el afán de informar -establecido legalmente en todos los países civilizados como un derecho de los ciudadanos-, ahora sé que esa palabra noble sólo es subterfugio para no llamar por su nombre a otras cosas: la manipulación, el cotilleo y la sumisión al asqueroso gusto de porteras -con perdón de las porteras- de media humanidad. Yo me declaro a partir de este momento agnóstica de la información. Es más, proclamo que la era de la información ha muerto.
-Proclamo igualmente la muerte de la privacidad: éste es el mundo del exhibicionismo. El más aplaudido no es el que más y mejor hace, sino simplemente el que más y mejor posa. Ahora, ocultar el dolor, que siempre se ha considerado una actitud digna hacia uno mismo y respetuoso hacia los demás, es tanto como decir: No me duele. Diana de Gales triunfó porque supo exhibir su dolor (verdadero o fingido, lo ignoro y además no importa). La Casa Real británica tal vez fracasará si no es capaz de ponerse a su altura, eso han dicho quienes claman por ver llorar a la reina de Inglaterra. Significativos ejemplos de lo que nos espera.
-Los héroes de este siglo no serán transgresores ni civilizadores. Hoy en día, los dioses no se habrían molestado en castigar a Prometeo por entregar el fuego a los hombres ni en expulsar a Adán y Eva del Paraíso por haberse atrevido a saborear el Árbol de la Ciencia. Hoy en día, todo eso no le habría interesado a casi nadie. Los héroes de este siglo serán, son ya, puras fachadas de cartón piedra: Marilyn Monroe, Elvis Presley o Diana de Gales.
-Lo peor de todo es que ahora sé que los medios de comunicación ya no se limitan a reflejar la vida: son la vida. El mundo es su creación. Ellos son el demiurgo y el verbo. Son el agitador de masas y el taumaturgo, el poder y la Gran Mentira. Aunque llamarlos Gran Mentira es en sí mismo una contradicción, puesto que ellos son ya la única Verdad. El futuro es aterrador. Tal vez lo haya sido también el pasado, pero al menos no disponíamos de datos científicos al respecto. Ahora está probado y más que probado. La muerte de Diana de Gales ha sido el mejor de los experimentos. Sus resultados son incuestionables.
-En medio de todo, sólo encuentro una idea consoladora: también he constatado que los monstruos se devoran los unos a los otros y a sí mismos, en una cadena sin fin. El monstruo-devorador-de-prensa-rosa acusa de asesino al monstruo-prensa-rosa, quien a su vez creó al monstruo-princesa-de-nuestro-tiempo que utilizó al monstruo-devorador-de-prensa-rosa y murió devorada por los dos monstruos y por el suyo propio.
En una de éstas, y con un poco de suerte, se devoran definitivamente y acabamos. Claro que a lo mejor también yo soy englutida en el magno banquete. Pero consideraré que me estará bien empleado, por participar en la melée. Ojos ustedes con ustedes mismos".

3 comentarios:

  1. Aqui Angeles Caso describe de forma clara o que eu penso tamen.
    Estamos nunha epoca de pura fachada e imaxe onde non importan os feitos.
    Eu fun mirar as flores no palacio e cadroume pasar polo tunel onde se esnafrou en Paris Lady Di pero agora xa non se fala dela e pasaron varios cadaveres famosos e seguiran pasando.
    O ano que morreu Lady Di tamen morreu Teresa de Calcuta e tivo muitisima menos repercusion que a morte da princesa, exemplo claro da importancia que se lle da as banalidades. O bo de todo e que o tempo colocara a todos no lugar que de verdade lles corresponde.
    Un saudo.

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  2. Anónimo6:57 p. m.

    Lo triste es que no hay más que enceder la tele para comprobar que vamos a peor. Aunque yo me resisto a meter en el saco de la información a toda esa ristra de programas de dudoso gusto que se alimentan del morbo, el sensacionalismo barato, las difamaciones y las estupideces vitales de una chusma que se multiplica al calorcito del dinero fácil. Pero, ¿qué podemos hacer?.
    Malos tiempos para la lírica...

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  3. Lady Di era muy humilde...o eso dice mi madre.Humilde sería, pero murió en un Rolls a 220 kms por hora en París y con un moro al lado.¡Viva la humildad!


    DICEN QUE EL TRABAJO ES LA FELICIDAD...

    ...PUES QUE VIVA LA TRISTEZA

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