2 de julio de 2010

Del estatuto de Galicia

El Estatuto de Galicia cumplirá el próximo año tres décadas de existencia desde que en 1981 entró en vigor.
Durante este tiempo, y a pesar de sus carencias, ha sido utilizado como herramienta eficaz para ampliar y mejorar el autogobierno de Galicia, en un proceso que por encima de diferencias ideológicas ha sido visto con buenos ojos por la mayor parte de la sociedad gallega. Pero treinta años después el texto necesita algo más que chapa y pintura para responder a las necesidades de una Galicia que ya no es la misma. Hasta ahora, el PP ha utilizado el retraso de la sentencia del Constitucional sobre el Estatut catalán como argumento para aplazar el debate sobre la reforma del gallego. Superado ese obstáculo, Feijóo anuncia que en octubre consultará a las fuezas políticas para explorar la posibilidad de elaborar un nuevo estatuto gallego. El techo marcado por el Constitucional deja un amplio margen de mejora para el autogobierno de Galicia que no se debería desaprovechar. El proceso ya no admite más demoras. El ciudadano de a pie no se levanta todos los días pensando en el Estatuto, pero tampoco aceptaría que Galicia quedase relegada.

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