7 de noviembre de 2008

Outono

Na cociña da casa de miña nai xa cheira a castaña cocida. Non son moi amigo delas, pero a súa presencia marca tanto o tempo que vivimos que non é sinxelo arredarse do seu recendo.
Trufa anda estes días algo aburrida. A chuvia de aí fóra reclúea na casa coma se fose un inxusto castigo de cadea perpetua. Na rúa os rapaces que berran ó falar buscan abeiro nos portais dos edificios mentres a auga recupera o espazo perdido e a noite escurece o día pouco despois das 6 da tarde. Tan lonxe semella xa o verán… O outono ten chegado case de súpeto, como o convidado que peta na porta e entra sen preguntar. Do caixón do cuarto saen esas roupas que crimos esquecidas e que cobren o noso corpo, defendéndoo do frío e da chuvia, da folla ó caer. Con resignación entramos nesta escuridade que antes de que nos deamos conta será doce de Nadal e filloas con mel; luces de compras na noite e caretas de antroido. O outono é unha estación de tren. É despedida e melancolía; o pechar dos ollos grises que agardan, sereos, as cores da primavera.

6 comentarios:

  1. A mí el otoño y el invierno me encantan

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  2. Realmente estabas inspirado cuando escribiste esto. Muy bonito :)

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  3. O único bo do outono é o olor. Son das que nota o cambio de estación porque o ambiente ule distinto. O resto está en branco e negro.

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  4. Anónimo2:28 p. m.

    snif..y la traducción? Irenia

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  5. En la cocina de casa de mi madre ya huele a castaña cocida. No soy muy amigo de ellas, pero su presencia marca tanto el tiempo que vivimos que no es fácil alejarse de su aroma. Trufa anda estos días algo aburrida. La lluvia de ahí fuera la recluye en casa como si fuera un injusto castigo de cadena perpetua. En la calle los chicos que gritan al hablar buscan cobijo en los portales de los edificios mientras el agua recupera su espacio perdido y la noche oscurece el día poco después de las seis de la tarde. Tan lejos parece ya el verano… El otoño ha llegado casi de repente, como el invitado que llama a la puerta y entra sin preguntar. Del cajón de la habitación salen esas ropas que creíamos olvidadas y que cubren nuestro cuerpo, defendiéndolo del frío y la lluvia, de la hoja al caer. Con resignación entramos en esta oscuridad que antes de que nos demos cuenta será dulce de Navidad y ‘filloas’ de miel; luces de compras en la noche y caretas de carnaval. El otoño es una estación de tren. Es despedida y melancolía; el cerrar de ojos grises que esperan, serenos, los colores de la primavera.

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  6. Nada de eso. El otoño no es una estación de tránsito, sino que tiene entidad en sí misma. Ninguna otra estación tiene el color que tiene ésta. Ni siquiera el estallido de color que supone el brotar de las yemas en primavera puede competir con la explosión que supone el morir de las hojas. No sabéis cómo están los montes por estas fechas, los ocres, rojos, naranjas,amarillos y marrones de los árboles,los rojos, blancos, cobrizos... de las setas. La lluvia y el sol compitiendo por hacerse un hueco en el cielo...
    No sé. Es precioso.

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